BEDON, LA LEYENDA DE UN AMOR
Monasterio de San Antolín de Bedón, ubicado en el valle de la comarca de Llanes, el cual reposa en silencio al abrigo de los montes que lo rodea y cerca de la desembocadura del río Bedón o río de las animas. Este monasterio data del siglo X y sus moradores fueron monjes de la orden de San Benito hasta el año 1544 que fue reunido a San Salvador de Celorio. Su restauración en el año 1955 fue a cargo del ilustre Don Luis Menéndez Pidal y posteriormente en 1999 se adjudica una nueva restauración a una empresa la cual estuco la piedra de la Iglesia.
ANTES
DESPUÉS
Como no podía faltar, todo monasterio que se precie, cuenta con una leyenda que da pie a su fundación. Esta leyenda se basa en el Conde Munio Rodríguez Can, más bien conocido por el Conde Muñazan, el cual da origen a una de estas leyendas que ronda este monasterio y la cual dice así:
En una noche de violenta tempestad, en una partida de caza, sin poder ver una mala choza en que albergarse y abandonado al instinto de su caballo, se encontró entre tinieblas, rasgadas a veces por fuertes relámpagos; y que después de mucho correr llegó a un sitio en que pudo apreciar un resplandor que salía de una cabaña, a la que se aproximó, y vio en su interior a una bellísima joven de rodillas ante una imagen, a esta joven la llamaban la huérfana de San Antolín; encendido el pecho del Conde en impuros deseos, entró y la requirió de amores con pomposas ofertas, y hasta con amenazas, esta huye de la cabaña: y al pretender seguirla Don Munio, un vivísimo relámpago le deslumbró, quedando todos los alrededores sumidos en densas tinieblas; al día siguiente, por más que buscó a la joven, no pudo encontrarla; la joven había pasó aquella noche de frío y horror, azotada por la lluvia, en el estrecho hueco de un humilladero, pidiendo a San Antolín la librase de su miserable perseguidor; algunos días después, el Conde se encontraba en las montañas de San Antolín, y se acercó a la vivienda de la huérfana; y que al mirar por la ventana, una feroz sonrisa plegó sus labios, crispó los puños, y su boca lanzó una blasfemia, al haber visto con las manos enlazadas de los dos jóvenes, eran la huérfana y su amante llorando, que sano y salvo volvía de lejanas tierras a aquel nido de amor; la furia de los celos nubló el cerebro del Conde y armándose de dos acerados venablos, los arrojó con fuerza, uno después de otro, sobre los enamorados, dejándolos muertos; penetrando en la cabaña contempló su obra, y ante aquel espectáculo sintió un profundo malestar; que sus ojos miraban sin ver y un rumor confuso agitaba su alma, principio de un remordimiento que despertaba. Tuvo miedo y huyó; en todas partes y a cada momento, la conciencia le gritaba Asesino, Asesino; y que por más que trató de ahogarla, por espacio de cinco años, no pudo conseguirlo; que arrastrado Muñazan providencialmente hacia San Antolín por tercera vez, tuvo allí la milagrosa aparición de los dos jóvenes amantes, quienes con los ojos fijos en su asesino, le mostraban las heridas aun vertiendo sangre, y que entonces el ángel Custodio, inspiró a Munio Rodríguez el pensamiento de construir allí un monasterio, como así lo hizo, abandonando los lujos mundanos, por el tosco sayal, y encerrándose en aquel con otros no tan necesitados de la divina clemencia.
El primero que se enterró en la iglesia de este convento, fue su mismo fundador, y aun se ve hoy en día un sepulcro de la familia de Aguilar al que pertenecía. Otro enterramiento se conserva también con un letrero que dice «Aquí yace Diego Fernández el caballero de Posada»– y tiene grabadas encima sus armas, y el hábito de Santiago.
También en el sepulcro de los Aguilar, se depositó el cadáver del esforzado Caballero Diego Álvarez Posada, nieto de Don Rodrigo Álvarez de Asturias y sobrino de don Munio. Años después el monasterio sufrió un incendio perdiendo todo su archivo así como los de las casas más respetables que guardaban allí creyendo que era mas seguro.
Movidos por esta y otras leyendas que guarda este monasterio, decidimos hacerle una visita antes de decidir pasar una noche entre aquellas ruinas. En nuestra primera visita a mediados de junio, pudimos ver los restos que aun quedaban en pie de este monasterio, su iglesia toda reformada pero no así el resto de edificios contiguos al monasterio. En esta ocasión, nos acompañaba nuestro amigo Roberto.
Después de dejar el material en el interior de la iglesia y con la cámara preparada, comenzamos a hacer un recorrido por todo el entorno del monasterio; pudimos observar las estancias donde supuestamente vivían los monjes y hacían su vida diaria, la parte norte donde solían entrar los monjes desde la vivienda a la iglesia, hoy día tapiada. Alguna casa de mayor envergadura y perteneciente al Abad de dicho monasterio o al mismo Muñazan; algunas inscripciones, una sobre la puerta de una de estas casas, y otra sobre una ventana junto al escudo que preside una de las fachadas.
Una vez recorrido el exterior, decidimos entrar en lo que era la cocina y el supuesto comedor; en un rincón de la cocina hallábamos los resto de un chivo, algo bastante desagradable de de mal augurio. La planta superior se encontraba en bastante mal estado y aunque no podíamos acceder a ella debido a la falta de escaleras, no nos dimos por vencidos, colocamos unos tablones para así acceder a dicha planta, la cual en algunas zonas esta en muy mal estado como suscribo y hay que ir con mucho cuidado. Atravesamos el pequeño corredor hasta llegar a las estancias y aprovechar para dejar algunas de nuestras grabadoras y así obtener algún registro. Sobre las 19:30 volvíamos a la iglesia, la cual estaba en perfecto estado, a la derecha un sepulcro de piedra con unos grabado, mas cerca de la puerta una tumba con un águila en forma de escudo, supuestamente a la familia Aguilar; a la derecha otra tumba con una especie de bastón con una inscripción y mas a la derecha un pequeño banco de piedra. Destacar en el altar los dos huecos en los que antaño reposaban los restos de algún abad o algún noble.
En nuestra segunda visita, nos detenemos en el pueblo de Naves para hablar con Mª Dolores quien nos contaba algunas de las historias que relacionaban al monasterio de Bedón, tales como la entrada de barcos asta la misma playa o la existencia de tan famoso cliché dentro de los monasterio y palacios, un túnel que servia de escape en caso de emergencia por donde los monjes llevaban a cabo actividades de estraperlo.
De camino al monasterio hacemos un alto para subir asta el corte que divide la desembocadura del río de Bedón y donde actualmente se encuentran los restos de uno de esos barcos de estraperlo donde los monjes traían la comida e incluso salían a otros países, pero que en una de las veces que quiso fondear, sufrió un accidente undiendose y perdiendo la vida de todos sus tripulantes.
Una vez en el monasterio, escogimos la iglesia como centro base ya que era el único lugar mas céntrico y con menor suciedad. Hechos los preparativos, comenzamos a distribuir los focos en distintos puntos de la iglesia, así como algunos detectores de movimiento dentro y fuera de la iglesia, para avisar de la proximidad de alguien ajeno al grupo. En aquel lugar solitario se encontraban Bruno, Ivone y Salvador, preparados para pasar asta altas horas de la madrugada en busca de algún fenómeno en aquel mágico lugar. Desplegamos los equipos, las grabadoras y el portátil donde quedaría todo registrado, a la vez grabaríamos el programa de radio sobre este mágico monasterio.
Nuestro primer objetivo era volver a recorrer dicho enclave y esta vez con ayuda de nuestra amiga Ivone la cual tiene eso don al igual que nuestro amigo Roberto, de interactuar con esa otra dimensión o lugar desconocido al que llamamos mas allá. Ella nos indicaría si sentía algo fuera de lo normal o si llegaba a ver algo extraño, y así fue; en una de las casas derruidas del monasterio hay una especie de establo donde Ivone llego a ver un rostro de un joven entre 35 a 40 años, piel tersa, cabellos rubios y un rostro con una mirada penetrante, este es el dibujo que nuestra amiga Ivone hizo de esa visión que tubo en este lugar.
El silencio de la noche nos acompañaba en nuestro recorrido por los distintos lugares del monasterio, la noche estaba casi cerrada y corría una brisa que en algunas ocasiones hacia llegar hasta nosotros el fresco olor a mar. Decidimos entrar en la cocina, donde en la visita anterior Roberto había creído sentir algo , Ivone no llego a percibir nada extraño en un primer momento pero al poco tiempo de estar merodeando por la casa, pudo escuchar como alguien o algo arrastrara una silla y minutos después obteníamos una parafonia en la cocina.
Fuera de la estancia Ivone vio lo que parecía una sombra negra que se encontraba cerca de una Palmera y se perdía entre unos matorrales. Hicimos un barrido con la cámara y colocamos una de nuestras grabadoras en dicho lugar pero no obtuvimos nada fuera de lo normal .
La noche iba avanzando y con ella los resultado en nuestras grabadoras. Aun seguíamos esperando que dicho conde hiciera alguna aparición, pero no tuvimos esa suerte. Pudimos sentir algunas sensaciones en algunos lugares de este monasterio, una sensación en la nuca y como si alguien nos observara desde algún lugar cercano, quizás alguna de esas coruxas que tantos sustos provocan observando todo cuanto hacemos y avisando con un grito estremecedor de que esta hay.
Después de recorrer los sitios accesibles del monasterio y captar este lugar con nuestras cámaras de foto y vídeo, decidimos a altas horas de la madrugada, dar por finalizada aquella aventura donde la leyenda de un Conde llamado Muñazan, nos llevaba asta este mágico y misterio monasterio de San Antolín de Bedón, donde su historia y sus leyendas son borradas por el paso del tiempo, el abandono y la maleza, asta que no llegue a quedar nada mas que piedra sobre piedra.
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Documental :http://www.youtube.com/user/Tiempocero2008